¡La luna ya no es virgen! ¿Cómo no me había dado cuenta? Ha sido violada por hombres mortales. La tocaron, penetraron, mancillaron, robaron y dejaron por un momento llorar. Qué angustia... Pero no por ella, ¡por nosotros! ¡Hemos perdido nuestro símbolo de castidad!
Y no temo por sus flechas vengadoras, ni por represalias de otros dioses. Temo por el futuro que nos espera sin nuestro hermoso símbolo de belleza pura e intocable. Sin la idea de la contemplación y adoración que sabe contenerse. Ahora que hemos alcanzado la figura de lo inalcanzable, ahora que nos pensamos dioses -pues a ellos les recriminamos y discutimos, como si de iguales se trataran-, ¿qué desgracias no nos esperan?
Maldita la hybris de todos los hombres que se creen dioses, pero más maldita todavía la de aquéllos que se creen Prometeos.
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