sábado, 22 de junio de 2013

espera, que me llaman de la escena

Por si no habéis estado en el mundo los últimos años, resurge el dandismo y la cultura social de la apariencia. Hay que ser visto con las mejores galas, en los mejores sitios y en buena compañía. Y en una pequeña ciudad en la que es relativamente sencillo conocernos todos, es de fuerza mayor para algunos llegar a conocer y tratar a los cuatro artistas o artistoides sobre los que se dirigen los dos focos y medio de la villa. Y claro, es fácil considerarse underground en un pequeño agujero con siete gatos pardos.

Pero el carnet de la escena no lo obtiene cualquiera, por lo que los aspirantes se ven llevados al adoctrinamiento estético y en general cultural, y si no se salen del camino de la Iglesia hip y se portan bien, podrán unirse oficialmente a la comunidad (cuyos miembros, misteriosamente, no se aceptan entre sí).

Pues bien, yo no quiero saber nada de ninguna escena. Para encontrar personas creativas no hay que consultar el blog de tendencias. Más de diez personas con las que fuiste al instituto han terminado dándole una vuelta original a su vida. Por lo menos tres de tus amigos de la infancia tienen un gusto estético bien formado. Conoces a más creadores genuinos que no saben de ninguna escena que a miembros de ésta (al fin y al cabo, sólo había dos focos y medio en la ciudad, lo cual no da necesariamente mucha luz). A más personas de juicio decente fuera de los círculos trendy que dentro. Aprécialos.

Desde que hay guías de DIY la gente sigue patrones para lograr la originalidad. Pretensión harto paradójica cuando no directamente estúpida, pero que cuenta con una segura garantía de eficacia. Lo mismo ocurre cuando se trata de construir una opinión.

Al fallido sapere aude yo le añadiría un creare aude, pero sobre todo un EXISTIMARE AUDE, un atrévete a juzgar. ¡Juzga, maldita sea! La cultura personal hoy en día se ve necesitada de un buen meneo. Si alguien está interesado, regalo bofetadas conceptuales.

martes, 18 de junio de 2013

apreciación de un pasado acontecimiento y el futuro incierto

¡La luna ya no es virgen! ¿Cómo no me había dado cuenta? Ha sido violada por hombres mortales. La tocaron, penetraron, mancillaron, robaron y dejaron por un momento llorar. Qué angustia... Pero no por ella, ¡por nosotros! ¡Hemos perdido nuestro símbolo de castidad!

Y no temo por sus flechas vengadoras, ni por represalias de otros dioses. Temo por el futuro que nos espera sin nuestro hermoso símbolo de belleza pura e intocable. Sin la idea de la contemplación y adoración que sabe contenerse. Ahora que hemos alcanzado la figura de lo inalcanzable, ahora que nos pensamos dioses -pues a ellos les recriminamos y discutimos, como si de iguales se trataran-, ¿qué desgracias no nos esperan?

Maldita la hybris de todos los hombres que se creen dioses, pero más maldita todavía la de aquéllos que se creen Prometeos.