miércoles, 17 de marzo de 2010

tragedia de la vida irónica

Un grupo de jóvenes cuasi-uniformados se encuentra a lo largo, ancho y alto de un domicilio. Cada uno anda en una dirección, todos dedicados a sus correspondientes tareas. Entre ellos se pasea un hombre de porte más digno y rostro severo que vigila y dirige los movimientos del resto:

- ¡Pongan todas las fotos bocabajo! ¡No quiero ver ni una cara feliz!

Algunos de los jóvenes corren a voltear todas las fotos que ven.

- ¡Vamos! ¡Más desorden! La ropa en montones, papeles por el suelo... ¡Esto es una tragedia, señores! Quiero ver algo deprimente.

Llaman a la puerta del domicilio y todos se detienen durante unos segundos, hasta que tras percatarse de la apremiante mirada del hombre, continúan con su actividad. El hombre se dirige a la puerta y la abre sin dar muestras de emoción alguna. Aparece al otro lado una mujer en los lindes de la ancianidad, que al quedar la puerta abierta, echa un vistazo al interior del domicilio y deja ver una expresión de extrañeza en su cara al percibir el ajetreo de los jóvenes. Apenas abre la boca sin haber apartado la mirada de éstos, el hombre se dirige a ella con tono frío y cortante:

- No se preocupe señora, es completamente legal.

La mirada de la anciana se fija entonces en el hombre y pasa de la extrañeza a la desaprobación. Vuelve a abrir la boca para hablar pero es de nuevo interrumpida.

- Perdón por haberla despertado, continuaré destrozando mi vida en silencio.

Dicho lo cual, el hombre cierra la puerta sin más miramientos. La anciana permanece impasible ante la puerta unos segundos, hasta que comienza a sonreír y se da la vuelta murmurando para sí misma:

- Ahora le llaman vida a cualquier cosa...