viernes, 5 de noviembre de 2010

a ver si nos ponemos de acuerdo...

Que el lenguaje es el uso que hacemos de él lo dice la gente mal-citando a Wittengstein, que se refería a la pluralidad de juegos del lenguaje en relación con el significado. Quede dicho.

Lo que sí es cierto es que toda lengua es una construcción humana y ante todo, una herramienta. Por mucho valor histórico-cultural-sentimental que cada lengua pueda llegar a tener, es necesario que se adapte a los cambios sufridos en las relaciones entre los hablantes de la misma o entre los hablantes y el mundo. Aquí entra en juego la Real Academia Española, fundación que "limpia, fija y da esplendor" a la lengua española (con una autoridad otorgada por una figura cuyo papel ha cambiado considerablemente en los tres siglos que ha existido la RAE, no lo olvidemos).

Pero llegamos a un punto en el que podemos preguntarnos por los grupos de hablantes dentro de la misma comunidad. Y no estoy con ello saliendo de España, ya hay otras asociaciones que se encargan de esos temas. Me refiero más bien a los grupos de hablantes que se estudian para determinar que algunos cambios son justificados.

Debemos adaptar la norma al uso, sí, pero antes tal vez deberíamos educar EN la norma. Menudo cachondeo de lengua tenemos si a cada caso frustrado de educación cambiamos la norma de la misma. Si ciertos círculos sociales no han aprendido las formas correctas de expresarse y en vez de imponernos con severidad cual maestro exigente nos adaptamos a su ineficiencia y mediocridad estamos despojando a la norma de su autoridad. Y si hacemos esto, ¿por qué no le damos una patada a la norma directamente? ¿Por qué no la eliminamos?

Dejémonos de medias tintas y de lavarnos las manos a cada paso ¡Vamos a ser consecuentes! Si admitimos que la lengua es, al fin y al cabo, una herramienta para la comunicación, no parece que necesitemos tanta parafernalia, nos entendemos tanto si decimos "historia" como "istoria", "estás acabado" como "tas acabao". ¿No?

Se empieza a oler en la RAE una simplificación de la lengua. Se eliminan excepciones, pues se entiende que se superan las ambigüedades con el contexto. Y no puedo dejar de pensar en la neolengua de 1984, que aboga por un sistema simple y eficaz eliminando palabras de las que "podemos prescindir" con la construcción de otras mediante unos términos constantes. Y yo pienso, ¿no tenemos para eso los lenguajes formales? ¿Qué efecto tiene esto en las teorías del significado?

Le daré cinco mil vueltas a todo este tema. Pero de momento no sé qué decir. Sólo sé que he llegado a casa de mal humor tras haber oído algunos contenidos de la nueva edición de la Ortografía de la lengua española de la RAE. Espero que se me perdonen los ataques airados y la falta de argumentos, pero todavía tendría que reflexionar sobre el tema para escribir algo decente.

De momento, todo lo que puedo decir es que mientras unos coman almóndigas yo seguiré comiendo albóndigas y que todo el tema de la simplicidad y la claridad me huele dobleplusnobien.