- Documentación.
- No tengo.
- (Suspiro) Dígame su nombre.
- No tengo.
- ¿Cómo? A ver, ¿quién es usted?
- ¿Quién? Soy un yo para mí, un tú para ti y un él para aquel hombre de allí.
- No me venga con tonterías. Usted consta en el registro civil como todo el mundo, y lo hace con un nombre concreto, así que ¡venga!
- ¿En un registro? ¿Por qué iba a hacer eso?
- ¡Porque todo el mundo lo hace!
- No veo la necesidad de ello. Soy un ser vivo, un ser humano. Mantener una lista con todas las concreciones de esta forma de vida sólo tiene el fin del control total sobre ella. Algunos apreciamos la vida en sí y no la mera forma de canalizarla, especialmente si es una forma tan vacía como la que ofrece el sistema al que tú representas.
- Pero bueno, ¿es gilipollas, un anarquistoide estético o es que de verdad me está diciendo que no consta en el registro civil?
- Lo último, gracias a Dios.
- Entonces... ¡no existe!
- ¿Cómo que no? ¿Acaso no estoy aquí, hablando contigo? Que no existo... ¡Qué disparate! Si la gente no se hubiera dedicado al estudio taxonómico de las plantas, ¿diríamos que no están aquí? Y si el romero no hubiese recibido el nombre de romero, ¡ni ningún otro! ¿haría eso que mi mano estuviera vacía? ¿que no estuviese ahora mismo tocando nada más que aire?
- Eso es tomillo...
- ¡Venga ya!
- Y... ¿cómo...? Quiero decir... ¿Cómo es posible que no esté registrado?
- Tan sencillo como que no fui inscrito al nacer, ni después...
- Pero si no está en el registro... no tiene seguridad social... ni cuentas bancarias...
- ¡Ni impuestos! ¡Ja ja ja ja ja ja!
- ...
- Ay, perdón, no he podido controlarme. Digamos, que no he requerido nunca de los "servicios" de este Estado. Escuche, cuando nacemos nadie nos pregunta si queremos hacerlo en esta sociedad, ¡sería absurdo! Pero a medida que crecemos nos hacemos conscientes de que ésta no es la única manera de organización posible para el ser humano, ni qué decir que la misma organización no es más que una estrategia para la supervivencia, ya sea del individuo, de la especie, de los genes o de lo que quieras. Lo triste es que entonces siguen sin preguntarnos si queremos formar parte de esta sociedad, ¡lo dan por hecho! ¡ qué remedio! Y no es que sea demasiado fácil "escapar" de esta esta forma organizada concreta de la actualidad. Es lo que se dice... omniabarcante. Incluso las sociedades con una organización de tipo tribal o malamente llamadas primitivas, están inmersas en ese otro sistema "superior" que las regula. Cuando no las controla, directamente.
- Vale, lo cojo, ya es suficiente. Pero me temo que no tendré más remedio que arrestarle. Sea lo que sea para la sociedad, para este Estado es usted un ilegal, un sin papeles, y como tal, será expulsado del país.
- Sí, eso lo suponía. Pero, ¿a dónde? ¿A aguas internacionales? ¡Ja ja ja ja ja ja!
- Eso a mí no me incumbe.
- No te preocupes, a mí tampoco.
jueves, 9 de diciembre de 2010
viernes, 5 de noviembre de 2010
a ver si nos ponemos de acuerdo...
Que el lenguaje es el uso que hacemos de él lo dice la gente mal-citando a Wittengstein, que se refería a la pluralidad de juegos del lenguaje en relación con el significado. Quede dicho.
Lo que sí es cierto es que toda lengua es una construcción humana y ante todo, una herramienta. Por mucho valor histórico-cultural-sentimental que cada lengua pueda llegar a tener, es necesario que se adapte a los cambios sufridos en las relaciones entre los hablantes de la misma o entre los hablantes y el mundo. Aquí entra en juego la Real Academia Española, fundación que "limpia, fija y da esplendor" a la lengua española (con una autoridad otorgada por una figura cuyo papel ha cambiado considerablemente en los tres siglos que ha existido la RAE, no lo olvidemos).
Pero llegamos a un punto en el que podemos preguntarnos por los grupos de hablantes dentro de la misma comunidad. Y no estoy con ello saliendo de España, ya hay otras asociaciones que se encargan de esos temas. Me refiero más bien a los grupos de hablantes que se estudian para determinar que algunos cambios son justificados.
Debemos adaptar la norma al uso, sí, pero antes tal vez deberíamos educar EN la norma. Menudo cachondeo de lengua tenemos si a cada caso frustrado de educación cambiamos la norma de la misma. Si ciertos círculos sociales no han aprendido las formas correctas de expresarse y en vez de imponernos con severidad cual maestro exigente nos adaptamos a su ineficiencia y mediocridad estamos despojando a la norma de su autoridad. Y si hacemos esto, ¿por qué no le damos una patada a la norma directamente? ¿Por qué no la eliminamos?
Dejémonos de medias tintas y de lavarnos las manos a cada paso ¡Vamos a ser consecuentes! Si admitimos que la lengua es, al fin y al cabo, una herramienta para la comunicación, no parece que necesitemos tanta parafernalia, nos entendemos tanto si decimos "historia" como "istoria", "estás acabado" como "tas acabao". ¿No?
Se empieza a oler en la RAE una simplificación de la lengua. Se eliminan excepciones, pues se entiende que se superan las ambigüedades con el contexto. Y no puedo dejar de pensar en la neolengua de 1984, que aboga por un sistema simple y eficaz eliminando palabras de las que "podemos prescindir" con la construcción de otras mediante unos términos constantes. Y yo pienso, ¿no tenemos para eso los lenguajes formales? ¿Qué efecto tiene esto en las teorías del significado?
Le daré cinco mil vueltas a todo este tema. Pero de momento no sé qué decir. Sólo sé que he llegado a casa de mal humor tras haber oído algunos contenidos de la nueva edición de la Ortografía de la lengua española de la RAE. Espero que se me perdonen los ataques airados y la falta de argumentos, pero todavía tendría que reflexionar sobre el tema para escribir algo decente.
De momento, todo lo que puedo decir es que mientras unos coman almóndigas yo seguiré comiendo albóndigas y que todo el tema de la simplicidad y la claridad me huele dobleplusnobien.
Lo que sí es cierto es que toda lengua es una construcción humana y ante todo, una herramienta. Por mucho valor histórico-cultural-sentimental que cada lengua pueda llegar a tener, es necesario que se adapte a los cambios sufridos en las relaciones entre los hablantes de la misma o entre los hablantes y el mundo. Aquí entra en juego la Real Academia Española, fundación que "limpia, fija y da esplendor" a la lengua española (con una autoridad otorgada por una figura cuyo papel ha cambiado considerablemente en los tres siglos que ha existido la RAE, no lo olvidemos).
Pero llegamos a un punto en el que podemos preguntarnos por los grupos de hablantes dentro de la misma comunidad. Y no estoy con ello saliendo de España, ya hay otras asociaciones que se encargan de esos temas. Me refiero más bien a los grupos de hablantes que se estudian para determinar que algunos cambios son justificados.
Debemos adaptar la norma al uso, sí, pero antes tal vez deberíamos educar EN la norma. Menudo cachondeo de lengua tenemos si a cada caso frustrado de educación cambiamos la norma de la misma. Si ciertos círculos sociales no han aprendido las formas correctas de expresarse y en vez de imponernos con severidad cual maestro exigente nos adaptamos a su ineficiencia y mediocridad estamos despojando a la norma de su autoridad. Y si hacemos esto, ¿por qué no le damos una patada a la norma directamente? ¿Por qué no la eliminamos?
Dejémonos de medias tintas y de lavarnos las manos a cada paso ¡Vamos a ser consecuentes! Si admitimos que la lengua es, al fin y al cabo, una herramienta para la comunicación, no parece que necesitemos tanta parafernalia, nos entendemos tanto si decimos "historia" como "istoria", "estás acabado" como "tas acabao". ¿No?
Se empieza a oler en la RAE una simplificación de la lengua. Se eliminan excepciones, pues se entiende que se superan las ambigüedades con el contexto. Y no puedo dejar de pensar en la neolengua de 1984, que aboga por un sistema simple y eficaz eliminando palabras de las que "podemos prescindir" con la construcción de otras mediante unos términos constantes. Y yo pienso, ¿no tenemos para eso los lenguajes formales? ¿Qué efecto tiene esto en las teorías del significado?
Le daré cinco mil vueltas a todo este tema. Pero de momento no sé qué decir. Sólo sé que he llegado a casa de mal humor tras haber oído algunos contenidos de la nueva edición de la Ortografía de la lengua española de la RAE. Espero que se me perdonen los ataques airados y la falta de argumentos, pero todavía tendría que reflexionar sobre el tema para escribir algo decente.
De momento, todo lo que puedo decir es que mientras unos coman almóndigas yo seguiré comiendo albóndigas y que todo el tema de la simplicidad y la claridad me huele dobleplusnobien.
miércoles, 17 de marzo de 2010
tragedia de la vida irónica
Un grupo de jóvenes cuasi-uniformados se encuentra a lo largo, ancho y alto de un domicilio. Cada uno anda en una dirección, todos dedicados a sus correspondientes tareas. Entre ellos se pasea un hombre de porte más digno y rostro severo que vigila y dirige los movimientos del resto:
- ¡Pongan todas las fotos bocabajo! ¡No quiero ver ni una cara feliz!
Algunos de los jóvenes corren a voltear todas las fotos que ven.
- ¡Vamos! ¡Más desorden! La ropa en montones, papeles por el suelo... ¡Esto es una tragedia, señores! Quiero ver algo deprimente.
Llaman a la puerta del domicilio y todos se detienen durante unos segundos, hasta que tras percatarse de la apremiante mirada del hombre, continúan con su actividad. El hombre se dirige a la puerta y la abre sin dar muestras de emoción alguna. Aparece al otro lado una mujer en los lindes de la ancianidad, que al quedar la puerta abierta, echa un vistazo al interior del domicilio y deja ver una expresión de extrañeza en su cara al percibir el ajetreo de los jóvenes. Apenas abre la boca sin haber apartado la mirada de éstos, el hombre se dirige a ella con tono frío y cortante:
- No se preocupe señora, es completamente legal.
La mirada de la anciana se fija entonces en el hombre y pasa de la extrañeza a la desaprobación. Vuelve a abrir la boca para hablar pero es de nuevo interrumpida.
- Perdón por haberla despertado, continuaré destrozando mi vida en silencio.
Dicho lo cual, el hombre cierra la puerta sin más miramientos. La anciana permanece impasible ante la puerta unos segundos, hasta que comienza a sonreír y se da la vuelta murmurando para sí misma:
- Ahora le llaman vida a cualquier cosa...
- ¡Pongan todas las fotos bocabajo! ¡No quiero ver ni una cara feliz!
Algunos de los jóvenes corren a voltear todas las fotos que ven.
- ¡Vamos! ¡Más desorden! La ropa en montones, papeles por el suelo... ¡Esto es una tragedia, señores! Quiero ver algo deprimente.
Llaman a la puerta del domicilio y todos se detienen durante unos segundos, hasta que tras percatarse de la apremiante mirada del hombre, continúan con su actividad. El hombre se dirige a la puerta y la abre sin dar muestras de emoción alguna. Aparece al otro lado una mujer en los lindes de la ancianidad, que al quedar la puerta abierta, echa un vistazo al interior del domicilio y deja ver una expresión de extrañeza en su cara al percibir el ajetreo de los jóvenes. Apenas abre la boca sin haber apartado la mirada de éstos, el hombre se dirige a ella con tono frío y cortante:
- No se preocupe señora, es completamente legal.
La mirada de la anciana se fija entonces en el hombre y pasa de la extrañeza a la desaprobación. Vuelve a abrir la boca para hablar pero es de nuevo interrumpida.
- Perdón por haberla despertado, continuaré destrozando mi vida en silencio.
Dicho lo cual, el hombre cierra la puerta sin más miramientos. La anciana permanece impasible ante la puerta unos segundos, hasta que comienza a sonreír y se da la vuelta murmurando para sí misma:
- Ahora le llaman vida a cualquier cosa...
miércoles, 13 de enero de 2010
conociendo a un extraño
- Disculpe mi atrevimiento, señorita, espero no importunarla si le digo que tiene usted una discontinuidad muy continua.
- En absoluto, siempre es un placer ser objeto de pensamiento. De hecho, permítame contarle un secreto: a veces creo que no existo si nadie me piensa.
- ¡Ese es un pensamiento muy grave!
- Sí, lo sé. Pero después me di cuenta de que como autoconciencia puedo hacer de mí lo que quiera. Poseo la clave del sentido de mi vida, ¿entiende?
- No estoy seguro, creo que no... Mire, todo lo que yo quería era resaltar su carácter discontinuo...
- Oh, lo siento. Creí que deseaba una interacción. Si sólo quería hablar para usted no había necesidad de hacerlo en voz alta. Si, en cambio, deseaba que yo lo escuchase, tendría que haber sabido que su comentario estaba sujeto a las leyes de comunicación y, por tanto, era susceptible de obtener respuesta.
- En absoluto, siempre es un placer ser objeto de pensamiento. De hecho, permítame contarle un secreto: a veces creo que no existo si nadie me piensa.
- ¡Ese es un pensamiento muy grave!
- Sí, lo sé. Pero después me di cuenta de que como autoconciencia puedo hacer de mí lo que quiera. Poseo la clave del sentido de mi vida, ¿entiende?
- No estoy seguro, creo que no... Mire, todo lo que yo quería era resaltar su carácter discontinuo...
- Oh, lo siento. Creí que deseaba una interacción. Si sólo quería hablar para usted no había necesidad de hacerlo en voz alta. Si, en cambio, deseaba que yo lo escuchase, tendría que haber sabido que su comentario estaba sujeto a las leyes de comunicación y, por tanto, era susceptible de obtener respuesta.
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