martes, 28 de mayo de 2013

pájaros

Treinta minutos sin llover. Y entonces los oyes: los pájaros. Hasta el momento escondidos, recogidos. Ahora salen como si nada. No se quejan, no se deprimen. Simplemente salen.

Es el mismo mecanismo instintivo el que les dice “ahora sí” y “ahora no”. No se agitan por ello.

Luego está el bichito humano, el complejo ser al que un instinto le dice en todo momento “ahora sí” y de vez en cuando y al mismo tiempo el sentido común le avisa de que “ahora no”.

Qué rabia, ¿eh? Pero qué amplitud de experiencia.

jueves, 9 de mayo de 2013

sobre el relato visceral

En todos los talleres de escritura creativa y demás chorradas con las que el siglo XXI hace ostentación de poseer las claves del arte en su totalidad, te dicen que debes sacar experiencias horribles y reprimidas a la luz. Que el relato o muestra de aquello que te atormenta será el más veraz e iluminador y que eso es lo que la gente quiere leer, sobre lo que quiere oír y desde luego, lo que quiere ver: algo salido directamente de las entrañas de otro ser humano.

Pero ¿de qué manera relatar lo inefable? Más allá del simple relato de una experiencia horrenda (que se define como macabro) se elevan sentimientos de culpa, humillación, odio, asco... Todas esas grandes sensaciones que en la vida turban ánimo y razón aun cuando escritas parezcan tan pequeñas. ¿Cómo dotar a un relato de ese pathos incontrolable y seguir haciéndolo comprensible?

Pero sobre todo, ¿de qué manera hacerlo bello?