Treinta minutos sin llover. Y entonces los oyes: los pájaros. Hasta el momento escondidos, recogidos. Ahora salen como si nada. No se quejan, no se deprimen. Simplemente salen.
Es el mismo mecanismo instintivo el que les dice “ahora sí” y “ahora no”. No se agitan por ello.
Luego está el bichito humano, el complejo ser al que un instinto le dice en todo momento “ahora sí” y de vez en cuando y al mismo tiempo el sentido común le avisa de que “ahora no”.
Qué rabia, ¿eh? Pero qué amplitud de experiencia.
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