Todos tenemos algún atisbo de crueldad. Supongo que el mío es un rabioso y callado deseo de ver la cara de ciertas personas cuando mueran y se les caiga el mundo encima. Cuando mueran y quieran vivir. Cuando mueran y descubran sorprendidos que no hay cielo, ni Dios, ni sentido.
Que ahora hagan lo que quieran, en ese momento lo sabrán: mi sinrazón es mucho más auténtica que todas sus razones.
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