martes, 29 de septiembre de 2009

espectadores y jugadores I

Atravesándonos, una línea recta. Ante nosotros y tras nosotros. Camino de fácil recorrido que se pierde en el horizonte, sin que podamos ver el final.

Sobre nosotros, y sólo periódicamente, esferas que caen y nos envuelven durante determinados espacios de tiempo. Distintos tamaños, distintos tipos, distintos colores, sabores, olores... Algunas opacas desde dentro, otras translúcidas. Unas giran, otras avanzan, otras son estáticas.



Como bien describió el señor Morrison, hay dos formas de ser humano: el espectador y el jugador. Todos somos espectadores, nos conformamos con lo que la vida nos da por sí misma, vivimos las experiencias que nos invaden, sentimos lo que llega hasta nosotros. Seguimos el camino fácil. El de la mayoría, el de la inercia. Nos encanta la seguridad que nos proporciona la masa. Porque es especialmente aquí cuando somos conscientes de la colectividad.

Pocos son los que se percatan de las esferas que van cayendo y las abordan, pocos deciden ser jugadores. A los jugadores no les basta la experiencia que obtienen por el mero hecho de existir, ellos la buscan, se sumergen en ella. No se topan con los casos, los crean. Toma importancia el invididuo, que es el sujeto de las percepciones, pero siempre podremos compartirlas con otros. No es egoísta, es natural.

Pero no confundamos, hay varios puntos a aclarar. Para empezar, la percepción de la colectividad en el momento lineal no se da bajo la forma de solidaridad. Sino bajo la del principio de conservación individual, pero a la vez, destrucción comunitaria. Si yo caigo, el resto también caerá. Pero si consigo alzarme, será sobre las cabezas de todos.



Y antes de que nos ilusionemos: no hay jugadores a jornada completa.

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